jueves, 27 de diciembre de 2007

EL OCASO DE LA ERA DEL PETROLEO


La Realidad de la importancia macroeconómica del petróleo como motor de la civilización, es tan grande como la verdad de que es un recurso no renovable que se va a acabar… y pronto.

Sin embargo, la preocupación del gobierno es resolver sus necesidades energéticas inmediatas buscando soluciones a los imprevistos que se presentan, dejando de lado respuestas a interrogantes que el tema arrastra.

La escalada alcista del petróleo no es nueva. Comenzó como una represalia de la OPEP a occidente tras la guerra de los 6 días en 1967 en que Israel derrotó a una coalición de países árabes. Desde entonces el precio no ha cesado en escalar.

La verdad, sin embargo no era de tipo político sino que el petróleo se acabará un día y a medida que aumenta el consumo mundial se acorta el plazo para que se cierre en la historia el capítulo de la Era del petróleo.

Venezuela, país que promovió la formación de la OPEP, está conciente del destino de su riqueza petrolera y el presidente Hugo Chavez, que esta estableciendo acuerdos para recibir ingresos cuando el petróleo se haya acabado, ha hecho el pronóstico de que el barril se encamina al precio de los 100 dólares.

La situación se le plantea dificilísima a los países consumidores porque hablar de 100 dólares el barril no es un tope, por lo que se imponen políticas definidas y depuradas para enfrentar un problema que trastorna la sociedad en conjunto.

La primera pregunta es sobre los planes del gobierno dominicano, recostado del cómodo acuerdo de PetroCaribe, para enfrentar la crisis que se avecina, pues de entrada, su política fiscalista no contempla una reducción del diferencial del petróleo y los aumentos que vendrán repercutirán sobre el nivel de inflación. Talvez lo único que se ocurre es lo que proponen algunos de que el precio de la gasolina sea congelado y que el gobierno asuma la subvención, pero esto implicaría una reducción en los ingresos del gobierno y todo parece indicar que éste no está dispuesto a renunciar a ello.

Tan grande es la dependencia fiscalista del petróleo, que hizo fracasar el plan de economía de combustible que intentó la Secretaría de Industria y Comercio y que forma parte del acuerdo con Venezuela. Inclusive, el proyecto de producción de etanol es con fines de exportación. Reducción del consumo o de diferencial no parecen estar en la agenda del gobierno.

El consumo de petróleo de la república dominicana es escandaloso: 160,000 barriles diarios pero la preocupación del gobierno es ampliar el acuerdo de Petrocaribe, que limita a 50 mil barriles diarios la cantidad del carburante para ser pagado dentro de 20 años.

Esto plantea otra interrogante, pues el metamensaje parece ser que el gobierno está dispuesto a endeudarse al máximo cobrando ahora el diferencial, mientras deja a quien sabe cual gobierno una deuda externa que no se sabe hasta donde llegará, pues en apenas 2 años de entrar en vigencia el acuerdo, ya debemos a Venezuela 400 millones de dólares, de manera que mal contados, la deuda acumulada para el año 2025, en base a los términos del acuerdo como existe hoy, será de 8,000 millones de dólares, sin contar con la ampliación del acuerdo a que aspira el gobierno para poder financiar el tope de 50 mil barriles diarios.

Un elemento que agrava la larga crisis energética internacional que se avecina, reside en el hecho de que dos monstruos de consumo presionan cada vez mas las reservas disponibles, es decir China y la India, capaces de chuparse todo el combustible disponible, lo que ha llevado a los técnicos a considerar que dentro de 20 años la era del petróleo habrá terminado sin que haya tiempo para desarrollar sustitutos para el petróleo.

Esto quiere decir que Venezuela ha adoptado la inteligente posición de dar a crédito su carburante para vivir de los intereses cuando se agote su riqueza.

Nosotros, por el contrario comenzaremos a pagar una monumental deuda petrolera acumulada sin tener con que alimentar la marcha de nuestro progreso. Es ridículo decirlo, pero es posible que de nuevo la civilización cabalgue en el lomo de el caballo o la máquina de vapor.