jueves, 27 de diciembre de 2007

PALESTINA



ORIGENES DE UNA COLONIA IMPERIAL POR SIGLOS


Para comenzar, hay que destacar que el nombre le fue dado por los filisteos -pueblos del mar- que huían de las invasiones bárbaras que se descolgaron por el Peloponeso y Asia Menor. Fundaron cinco ciudades-estado, entre las cuales estaban Gaza y Ascalón.

Los filisteos fueron conquistados por los hebreos que establecieron un reino en Jerusalén, pero se dividió en los reinos de
Israel, al norte, y Judá, al sur. El primero fue destruido por el imperio de Asiria en el 721 adC. y el segundo por Nabucodonosor en el 587 adC.

A partir de entonces, Palestina perdería su autonomía para caer, como provincia, en un engranaje de dominaciones imperiales sucesivas que comienzan en la historia antigua hasta desembocar en el siglo XX.

En
539 adC. los Persas arrebatan Palestina a los babilonios, pero luego pasa a manos de Alejandro Magno y tras su muerte se la reparten sus sucesores, primero de los Tolomeos y luego de los Seléucidas; siguió la ocupación romana, pero durante la dominación de Bizancio se produjo la conquista árabe de la región; estuvo sucesivamente bajo el dominio de la dinastía Omeya el califato Abásida y los turcos selyúcidas para caer durante Las Cruzadas en manos de Saladino, siendo reemplazado por los mamelucos, hasta que fueron arrebatados por los turcos otomanos, quienes fueron derrotados en la Primera Guerra Mundial, tocándole Palestina a Inglaterra en el reparto geopolítico. Es a partir de 1947, cuando las N.U. reparten la región entre israelíes y árabes cuando se inicia el conflicto.

EL PRESENTE Y Mito de la expansión sionista

Muchas veces resulta difícil determinar cuál es el derecho de un pueblo para habitar una región, pues si hay algo que ha caracterizado al hombre desde la prehistoria ha sido su movilidad y su dispersión por todo el mundo.

Esto es particularmente notable en el caso de la región de Palestina, porque habría que tomar una fecha histórica como referencia para establecer los derechos de pueblos.
Haciendo abstracción del proceso histórico de la región, podemos tomar como punto de partida un hecho reciente, la disolución del Imperio Turco, potencia perdedora de la Primera Guerra Mundial que se disolvió en
1918. En 1947, Gran Bretaña, que tenía el protectorado de Palestina, somete ante las Naciones Unidas el problema de las reclamaciones de autonomía de israelíes y musulmanes y el organismo mundial acordó partir a Palestina en dos Estados.
No fueron los judíos sino los musulmanes quienes rechazaron la resolución de la ONU, no porque estuvieran en desacuerdo con la parte que tocaba a cada cual, sino porque instigados por sus líderes se oponían a la existencia del Estado judío. El pueblo de Israel no tenía derecho a una sola pulgada de terreno.
La situación se le presentaba dificilísima a los hebreos, pues aunque se ha vendido la idea de éstos contaban con el apoyo de las potencias para la creación de su Estado, en realidad se trataba de un pueblo desamparado: Inglaterra, que soñaba unificar a los países del Oriente Medio en un Estado bajo su influencia, se alineó con el bando de los árabes. Además, Londres no quería contrariar la Liga Árabe, fundada en 1945, que resentía el mandato inglés.
Para desmentir el supuesto apoyo inglés que algunos estudiosos afirman, basta recordar que Winston Churchill, primer ministro británico, declaró que “Los judíos son una religión y no una raza y eso no les da derecho alguno a poseer un país”. Consonantemente con esa política, Gran Bretaña obstaculizaba el retorno a Palestina de los refugiados judíos: en 1947 los hebreos que llegaban a Palestina eran devueltos para Chipre, mientras que los que estaban a bordo del buque Exodus debieron regresar al puerto alemán del que habían zarpado.

Ante la propuesta del presidente norteamericano Harry Truman, de que se permitiera a 100 mil judíos regresar a Palestina, Londres se opuso y declaró que solo permitiría el ingreso a la región a 1,500.
El caso se complicaba a los judíos, pues los Estados Unidos también les “sacaba el cuerpo” pues estaban de luna de miel con Arabia Saudita ya que el capitalismo norteamericano, involucrado hasta el fondo con estos en la explotación de petróleo, no deseaba contrariar al rey Ibn Saud.

Los judíos se encontraban solos, aislados y a la defensiva; coyuntura que aprovechó Gran Bretaña para que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas desautorizara a la Asamblea General y el problema palestino se pospusiera sin fecha fija.

Ante el impasse, en marzo de 1948 los judíos, a pesar de su debilidad como nación, declararon un Consejo Nacional y la comunidad musulmana, que rechazaba la creación de un Estado judío protestó airada y se preparó para dar el golpe. En ese mismo mes un Ejército de Liberación compuesto por musulmanes militarmente entrenados en Siria y el Líbano invadió Palestina para iniciar una guerra de exterminio. Esto quiere decir, que la iniciativa vino de los árabes y que no puede calificar la actitud defensiva de Israel de “expansión Sionista”. Israel no tenía todavía un ejército regular y sin embargo, los musulmanes fueron derrotados, perdiendo el puerto de Haifa ante los ojos impotentes de la guarnición inglesa acantonada allí.

Pero esta lucha no fue más que una contienda improvisada y la Liga Árabe se preparó para una victoria contundente. De nuevo, contrario al criterio de la expansión sionista, los israelíes fueron puestos a la defensiva. Israel nunca deportó a palestinos. So pena de ser considerados traidores, los musulmanes fueron emplazados por la Liga Arabe a abandonar Palestina. De una población de 630 mil, 500 mil emigraron, incluyendo 80 mil árabes cristianos. Se les prometió que regresarían en la cola del ejército triunfante que arrasaría con los hebreos.

Esta vez el frente musulmán estaría encabezado por las potencias militares de la región: Egipto y Jordania, esta última organizada y financiada por Gran Bretaña. Cuando estallaron las hostilidades, la marina israelí hundió el buque insignia de la flota egipcia Rey Faruk, en una batalla naval que resultó desastrosa para los egipcios. Igual suerte corrieron en tierra. Jordania intentó dar la puñalada por la espalda al ejército hebreo pero fue derrotada.

La campaña de la Liga Árabe había terminado en un rotundo fracaso firmándose la amnistía en la isla de Rodas. Esto planteaba un problema enorme de refugiados que la Liga Arabe había obligado a emigrar.

El 3 de marzo de 1949 se formó el primer gobierno de Israel bajo la presidencia de Ben Gurión. Se legisló para que a los 179 mil musulmanes (35 mil cristianos) que permanecieron en Palestina gozaran de libertad religiosa, pudieran vivir según su propio derecho, excepto la poligamia, que fue prohibida aunque no con carácter retroactivo. Disponían de su prensa, un diario, dos semanarios y constituían una minoría nacional.

Pero esto no significaba el fin del conflicto. En 1964 se fundó en Jerusalén con el apoyo de la
Liga Árabe la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). El objetivo sería el mismo: la destrucción del Estado de Israel.

En junio de 1967, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, tras firmar un tratado de defensa mutua entre Egipto, Siria e Iraq, prometió a hundir a Israel en el fondo del mar. Israel respondió a la amenaza y el 5 de junio de 1967, previendo un inminente ataque árabe, destruyó la aviación egipcia en tierra, dando comienzo de esta forma a la
Guerra de los Seis Días en que conquistó la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este, la península del Sinaí y los Altos del Golán (Siria). No se trató de expansión sionista, sino derecho de conquista.


La oleada Palestina de refugiados fue de unas 300.000 personas, de los que casi un tercio eran refugiados por segunda vez. La mayoría se exilió en
Líbano, Jordania, Siria y los estados del Golfo Pérsico.

A partir de 1968 y con el apoyo de Siria al
FPLP, se inició una escalada terrorista internacional sin precedentes (secuestros, ataques y explosión de aviones comerciales, atentados contra embajadas y diplomáticos de Israel, ataques a intereses de la comunidad judía en todo el mundo, atentados contra instalaciones de gas y petroleras, etc. Esta escalada culminaría finalmente en la masacre de Munich.

Tras el
Septiembre Negro de 1970, miles de guerrilleros palestinos son expulsados de Jordania y la OLP decide establecer sus bases en el Líbano, desde donde comenzaron a realizar incursiones en territorio israelí para provocar atentados, manteniendo enfrentamientos directos con las fuerzas israelíes a lo largo de la frontera sur del Líbano.

El mundo árabe seguía buscando la oportunidad de su desquite militar y el
6 de octubre de 1973, día del Yom Kipur, festividad judía, Egipto y Siria lanzaron su ataque contra Israel.
Tras algunos éxitos iniciales de la coalición árabe, Israel lanzó el contraataque en ambos frentes. Desplazó a los sirios de los Altos del Golán y amenazó la capital,
Damasco, con artillería y tropas a 100 km; al mismo tiempo, después de hacer retroceder a los egipcios más allá de sus fronteras y cruzando el Canal de Suez, colocó sus unidades blindadas a 40 km de El Cairo.

Aunque el bando árabe proclamó la victoria, lo cierto es que Israel conservó los territorios ocupados en 1967. Esto fue calificado de expansión sionista.


En 1982, Israel invade el Líbano y ante la pobre resistencia de los grupos palestino, Siria decide presentar batalla frontal contra Israel que aprovecho el enfrentamiento para destruir el sofisticado sistema de misiles antiaéreos en el valle de Beeka a la vez que echó por tierra 29 modernos aviones caza. De nuevo tuvo las Naciones Unidas que acudir en auxilio de los países árabes. Siria firma sin dudar y sin consultar a Yasser Arafat, quien junto a los combatientes de la OLP son evacuados a Argelia, Yemen, Iraq, Jordania y Sudán.


En la disputa árabe-israelí, uno de los puntos cruciales es el status de Jerusalén. Para los judíos es su capital religiosa y civil, también. Pero los árabes la controlaron durante 700 años, los turco-musulmanes otros 400 más y también es reclamada por la OLP. Ningún bando puede proclamarla para sí, sin negociación previa, de acuerdo a una resolución de las N.U.


En el 2000 se produjo la primera Intimada, o revuelta civil de los musulmanes, lo que llevó de nuevo a las N.U. a intervenir llamando a un plan de paz al cual se llegará mediante la llamada “hoja de ruta”


A lo largo de esta disputa, los hechos parecen demostrar que Israel no es el estado sionista en expansión que pregonaban sus detractores:


· Devolvió a Egipto el Sinaí tras la firma de un tratado de paz con la condición de que se reconociera el derecho a la existencia del Estado de Israel.
· Devolvió a Siria las Alturas de Golán mediante un tratado de paz.
· Devolvió a Jordania la región de Cisjordania .
· Se retiró del sur del Líbano, siendo sus poblaciones del norte hostigadas por la Hezbolah.
· Reconoció el gobierno de la Autoridad Palestina.
· Entregó los territorios ocupados, siendo atacada con cohetes por los extremistas islámicos.
· Sacó por la fuerza a sus colonos asentados en tierras de los “palestinos”.


Ya al Estado de Israel no le queda más concesión que dar, replegándose a las fronteras originales acordadas por las Naciones Unidas, así como la ciudad de Jerusalén, a la que tienen derecho histórico.


Pero los extremistas de Hamas, eso es lo que quieren precisamente. La entrega de Jerusalén y la desaparición del Estado de Israel, lo que devuelve el conflicto a su punto de partida, pues renunciar a su existencia es un absurdo que los israelíes no consentirán jamás.